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El nuevo titán de la vivienda octubre 4, 2018 3 min.

A los 22 años, Sergio Leal Aguirre, originario de Mexicali, Baja California, tuvo la idea de construir un fraccionamiento residencial organizado en privadas, con reglas estrictas y que no compitiera por metros cuadrados sino por calidad de vida de sus habitantes, un lugar donde la gente viviera en comunidad, con accesos controlados, parques, áreas deportivas, zonas comerciales, e incluso escuelas.

Esta idea la plasmó en su proyecto de tesis y con ella cimentó lo que se convertiría en la desarrolladora de vivienda Vinte, que fundó y ahora dirige.

Con la confianza de que su proyecto tendría buen recibimiento en el mercado, lo presentó a los directivos de la desarrolladora de vivienda en la que trabajaba, pero la respuesta no fue la que esperaba. “Me dijeron que estaba loco, que no iba a vender nada, pero fue un éxito total porque la gente quería vivir bien”, recuerda. En 1999 Sergio y sus socios dejaron la constructora donde trabajaban para iniciar su propia empresa, comprando un terreno cerca de la Ciudad de México para hacer realidad el proyecto.

Puede que el sector vivienda no tuviera muchas ideas novedosas, pero sí había un crecimiento acelerado, y jugadores como Geo, Homex, Sare y Urbi empezaron a cotizar en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) entre 2003 y 2005 para sostener su vertiginoso crecimiento. Ara lo hizo antes, en 1996. El índice bursátil Habita, que agrupa a estas empresas, crecía en 2005 a un ritmo del 40% anual.

Durante dos décadas, el sector se consolidó gracias a los subsidios del gobierno mexicano. En ese contexto surgió Vinte, que para destacar en el mercado -además del ambiente en comunidad- buscaba un nexo extra con los compradores. Así creó la hipoteca digital y en 2003 vendió su primera casa conectada a internet (para ese entonces tener conexión en el hogar era casi inimaginable) en su primer fraccionamiento ubicado en el Estado de México.

El componente digital fue el valor agregado que la gente estaba buscando y lo que hizo que Vinte pudiera competir con los grandes de la industria. Este factor, sumado al ambiente de comunidad, le dio plusvalía a sus fraccionamientos e hizo que las ventas se incrementaran. Así, en sólo cinco meses se vendieron las 600 casas que conformaban su primer fraccionamiento. Con las ganancias compraron otras parcelas y la empresa empezó a crecer.

La desarrolladora llegó así a Quintana Roo, Hidalgo, Puebla y Nuevo León. Cinco años después de su fundación (en 2002), Vinte llamó la atención del Banco Mundial (BM), que compró el 10% de la empresa. Casi coincidió con la crisis económica de 2008. Y Paul Wolfowitz, todavía presidente del BM (2007), le recomendó: “Sergio, vienen tiempos turbulentos, utiliza bien el dinero.”

Y así lo hizo: ese año Vinte creció 51% “porque no necesitábamos a los bancos”, asegura el emprendedor. Los efectos de la crisis financiera mundial surtieron el efecto contrario en su competencia, pues la demanda de casas nuevas en México cayó. En 2010, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también volteó a ver a Vinte y adquirió el 5% de la compañía. La entrada de este jugador inició el proceso de institucionalización, que fue la base para que el 28 de septiembre de 2016 iniciara su cotización en la BMV.

Vinte ha sido la única empresa de su sector que mantiene su precio desde hace dos años: al cierre de edición, el valor por papel era de 26.40 pesos, colocándola como la más alta. En cambio, las acciones de su competencia cotizan en un rango de cero a 6.50 pesos.

Además, es la que ha vendido más casas: 4,441 en 2017, mientras que Geo sólo colocó 2,217.

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